miércoles, 30 de septiembre de 2015

Vueltas y más vueltas.


Hace casi exactamente tres años, el 29 de Septiembre del 2012 hice mi último paseo por estos renglones. Hoy por aquellas casualidades que la vida nos sirve de vez en cuando, me encontré con aquel que fui en esas frases. No quería dejar pasar inadvertido el suceso, considerando el contenido de las letras pasadas y del contenido en mí, hoy. Vueltas y más vueltas.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Dime si hay algo que importe.


Dime si hay algo que importe. Vamos de aquí para allá, nos arrebatamos los momentos. Nos buscamos en los aromas de tardes demasiado transitadas y llenas de ruido. Compartimos el aliento y mezclamos los sabores de vidas pasadas. Dejamos fluir los aires de amor que se esparcen al toque de nuestras miradas. Se esparcen y los dejamos ir. Inflamos el globo del alma y lo reventamos y lo volvemos a inflar. Me descubro a cada paso, cada paso que he dado ahora me descubre. Soy solo una parte de lo que soy, de las sorpresas que llevo guardadas y que tendrán esperar. Esperar como espero yo sin esperar. Detente ahí, solo unos renglones más, quédate ahí. No dejes que las olas de lo cotidiano se lleven tus ojos de acá, que no te harán daño el silencio y las palabras. A mi también los monstruos me persiguen, también me hablan al oído, se instalan a obstruir mis caminos pero se van cuando pierden mi atención. La inigualable honestidad del desabrigo, del calor compartido, de las esencias que se tocan y se enredan y se hablan. Se dicen lo que no podemos escribir, los silencios que vemos equivocadamente como los errores de nuestra conciencia más superficial. Ahí, mientras las almas conversan y se tocan están las verdades más profundas. 

No quepo en ciento ochenta caracteres, tengo varios perfiles y mis letras no son para todos. Si te enseño la ventana y la abres es porque algo hay para ti, no la cierres de inmediato, no prives tu cabello de la brisa, respírala, disfrútala que nada malo habrá de suceder. Hazlo sin prisa y sin perturbaciones, de cualquier modo yo no podré saber si estuviste aquí.

Mis huellas han cubierto las tuyas sobre la arena de mares azules. Azules infinitos donde no podrán topar nunca las dulces sensaciones que me haces sentir.


martes, 17 de abril de 2012

Un teatro lleva el nombre de mi padre.

Padre mío:

Te hablo a ti, para que nos escuchen ellos, los que están sentados en las butacas. Te hablaré de hijo a padre sin tapujos, sin falsas modestias y sin el tan gastado: “está mal que yo lo diga, pero…” Me heredaste ese coraje y esta profesión que ambos sabemos es la mejor manera que has encontrado para hablarme, para hablarnos y para hablarles a ellos. Es inevitable que recuerde ahora las limonadas que compartimos aquellos días de junio-julio en sus noches de calor sofocante. Escribías toda la madrugada en una “moderna” máquina de escribir tus famosos “Güevos”. Y me leías fragmentos y te meabas de la risa y yo reía por tu risa pero no entendía. Vivíamos la dura crisis del noventa y cinco, muchos mexicanos, incluyéndote, perdieron su trabajo, su dinero, sus casas, vendían lo que podían. Tú, con tres hijos y mi madre, cuya paciencia no conoce límites, tuviste los güevos de sentarte a escribir los “Güevos”. Y no solo los escribiste, los montaste y empezó a caminar la que hoy conocemos como la “Compañía Teatral del Norte”. Creo Pá, que es buen momento para mirar atrás y echarle un ojo, no como el Chobi, al kilometraje recorrido y eso porque estoy seguro que lo mejor está por venir. Alonso del Sahuaral ya nos avisa de tu experiencia, de tu madurez y de tu inagotable entusiasmo por escarbar en los rincones mas escondidos del lenguaje y de las voces sonorenses. Les has dado voz a nuestros muertos y has perpetuado en el papel a aquellos que fácilmente, de no ser por ti, se nos hubieran olvidado. No habrá mejor registro de su humor, de sus dolores y sus colores que los que nos has regalado en el papel y en la escena con tu teatro.



Eres Pá, hombre de teatro de los que ya hay pocos; dramaturgo, director, actor y aunque digas que no, maestro. Somos varios los que podemos presumir hoy de haber iniciado en las tablas contigo. Con unos empezaste a aprender y con otros empezaste, sin darte cuenta a enseñar. Nunca he entendido por qué, pero a pesar de no dar clases en la universidad, con gran generosidad nos has compartido del oficio y has dado ha muchos el ánimo indispensable para el que quiere subirse a jugar en serio.
Has puesto a Sonora en el mapa del teatro mexicano por que has empujado a una generación de actores, directores, dramaturgos. Has marcado nuestra época desde el quehacer diario sobre la tabla.

No sé de nadie que merezca más este homenaje que tu. No podría sentirme más orgulloso de ti, ni más dolido por no estar presente en esta que debe ser una gran celebración tuya, de la Compañía Teatral del Norte, del público sonorense y del teatro mexicano.

Sé que la Finita, Melitón, Octavio y Víctor se pondrían de pie en este momento, como yo, para aplaudir orgullosos.

¡Bravo, Pá! ¡Bravo!

Tu hijo.​

sábado, 21 de enero de 2012

Mingus en mi balcón.






La vista desde mi balcón se ha llenado de colores. Las ramas sin hojas de un árbol se discuten los matices.  Desde mi balcón le pongo música al azul, le doy al verde las notas mas graves. Sentado al marco de la ventana que da a mi balcón, Mingus, desde las blancas y las negras que sus dedos acarician hace el paisaje de colores.






Ahora escuchas una pieza del Soundtrack recomendado para esta nota: 


Imágenes recomendadas:

Las que llevas guardadas de los balcones citadinos que has pisado. 
Aquí arriba, un ejemplo. 

jueves, 13 de octubre de 2011

La mano helada en martes.


Breves pero fieles e intensos lectores, hoy estamos de fiesta. Sí, ustedes y yo. A partir de hoy las palabras que les comparto, pequeñas luces blancas en un monitor, pasarán a ser letras tangibles de tinta negra sobre papel. Luego de hartas negociaciones, estires y aflojes, Clown para llevar es ahora una choya mas del Desierto Urbano. ¡Felicitémonos! El equipo de Clown para llevar hará una fiesta para celebrar tan honroso acontecimiento, quiero decir que me tomaré una cheve a la salud de todos ustedes. Y ahora que escribí salud, me acordé del tema al que voy a dedicar los siguientes renglones. No, no tiene nada que ver con el seguro popular o con cantinas. Pregunté hace algunas noches, mientras decíamos salud, a los amigos en su mayoría sonorenses que compartíamos una mesa en un pequeño lugar de la colonia Roma, que intenta emular como tantos en el defectuoso, las delicias culinarias sonorenses pero que apenas nos sirven de consuelo. Pregunté: ¿que estará bueno escribir? ¡Del público de Hermosillo! Dijo por ahí la morra con la mano bien helada en martes. Confieso que al principio no me sedujo el tema, pero pensándolo más detenidamente me convencí. Así que aquí está, para todos ustedes, viejos y nuevos lectores:

El público hermosillense.

Nada más bonito para un teatrero que un teatro lleno. ¡Nada! Es el último paso y me atrevería a decir, el más importante en la creación teatral. Por eso las fiestas de estreno. Y cuando el teatro está lleno, todo el mundo feliz, pero cuando van seis contando al asistente de dirección, al taquillero y a la novia del director que va a todas las funciones, la cosa se pone fea. No quisiera revelar aquí las expresiones que podrían escucharse en un camerino en estos casos, pero en resumen se trata de culpar al público porque no va al teatro y empieza la cantaleta ya muy desgastada de: es que Hermosillo es un pueblo de pura carne asada y la reconocida marca de cerveza light. Bendita sea la carne asada y la reconocida marca de cerveza light, ¡Ellas no tienen la culpa! Se puede comer carne asada e ir al teatro o ir al teatro y después comerse un taco. ¿O qué? ¿los teatreros no comemos carne? ¿no bebemos cerveza? Es la salida más simple, más sencía culpar al público.

Empecemos por los espacios. No hay una verdadera infraestructura teatral en la ciudad ya no digamos en el estado. El recientemente “remodelado” auditorio cívico es un lugar destinado a las graduaciones y discursos del gobernador, le falta muchísimo para ser un teatro. Para darles una idea, hasta la última vez que actué ahí el año pasado, el auditorio no contaba con equipo de audio ni iluminación. El público no se da cuenta porque cada vez que va todo se oye y todo se ve, pero el equipo tiene que ser rentado para la ocasión, lo que incrementa los costos de las compañías que van a presentarse. Eso nomás pa que se den un quemón, porque le podría seguir. El teatro de la ciudad es el único que le hace honor a su nombre, verdaderamente cuenta con el equipo técnico y humano necesario. Hay otros pequeños espacios no menos valiosos, pero si así esta el enorme auditorio ya se imaginarán como están los chiquitos. Pero vamos a decir que con sus carencias y virtudes los espacios ahí están. Cuantas veces no te ha pasado, me voy a permitir tutearte querido lector, un sabadito tranquilón con la familia, carnita asada, sodas, etc. cuando la tarde empieza a “refrescar” y el cielo se pinta de colores, los primos comienzan a ponerse de acuerdo para ir al cine y terminan empujando a toda la familia para ir a ver Harry Potter 9. Pa` que vean que la carne asada no tiene la culpa, todo el mundo sabe que el cine está abierto todos los días, que el miércoles es más barato, más o menos los horarios, cuanto cuestan los boletos, la cubeta de palomitas y la soda. Del teatro en Hermosillo no podemos decir lo mismo. Los espacios de los que les hablaba no tienen temporadas, solo funciones aisladas, no hay una verdadera oferta teatral con espacios determinados. Pos el público no sabe ni donde, ni cuando, ni cuanto. Por eso resulta tan complicado para las compañías levantar nuevos proyectos que logren sostenerse en cartelera. El público sonorense y me consta, es exigente y a la vez de lo más generoso ya que está sentado en la butaca, el problema es llevarlo hasta ahí. Los espacios y las temporadas le corresponden en gran medida a las autoridades culturales pero no habría que dejarles toda la responsabilidad. El teatrero sonorense, los recién egresados del centro de las artes y los que ya llevamos un poco más de tiempo en la profesión no podemos dejar de preguntarnos a quién y qué es lo que queremos decir. Si el público no va a los teatros dejemos de culparlo y reflexionemos sobre lo que estamos haciendo y si después de la reflexión el público no reponde, siempre tendremos la calle. Nomás que no sea en verano, o por lo menos no a medio día.


viernes, 22 de julio de 2011

De regreso...


Después de poco más de un año queridos y escasos lectores, les comparto un pequeño texto que escribí durante un taller de dramaturgia.

Ya estoy de regreso, con un renovado Clown para llevar, cosas buenas vienen…

Si me miras el brazo es porque quieres tocarlo, yo quiero tocar el tuyo, ¿puedo?

Si alguien me hubiera avisado que el transito era tan rápido y que no me iba a poder acordar de la mitad cuando llegara al final, como cuando me quedo dormido en los aviones desde los que no me alcanzan los ojos para mirar el mar, pero aun así me gusta verlo, me hubiera pasado todo el camino tocando. Como la bala que tocó aquella cabeza que llegó rodando hasta mis pies planos. Muy planos, extremadamente planos. Tan planos que si caminas detrás de mí en la playa probablemente no me reconocerás como uno de tu especie.

Son complejos los pies. Que diferentes seríamos si cruzáramos las calles y anduviéramos por los caminos sin calcetines, sin zapatos, solo los pies. Dejaríamos de mirarnos a los ojos para reconocernos por los pies. Sin duda es un mundo donde yo no pasaría desapercibido. Habría un pie como el mío esculpido con el bronce vaciado de las llaves de miles de mexicanos en alguna glorieta de reforma. ¿Qué sería de los cojos? Imagínate sin un pie en un mundo de pies. Donde los pies son el pie donde la estructura social descansa. ¿El tamaño importa? ¡Sin duda! No el largo, el ancho. En esa competencia sería finalista. Bueno, seguro ganaría, no quería parecer arrogante. Por eso mi pie estaría en reforma esculpido en bronce ocupando el lugar de la palmera. La glorieta del pie, mi pie. Sería el lugar perfecto para festejar los “triunfos” de la selección mexicana y así dejar descansar, por fin, los restos de los héroes que nos dieron patria, o los restos de los que murieron cerca de los héroes que nos dieron patria que pudieran haberse confundido con el pasar de los años. Si los hubieran fusilado descalzos hubieran sido fácilmente reconocibles. Probablemente hubieran sido sus pies y no sus cabezas los que hubieran colgado en la alhóndiga de granaditas.

Debajo del gran bronce que forma mi pie de manera exacta, habría una placa: “El gran pie”. Las personas se detendrían a recostarse junto a él para tocar con sus pies descalzos el frío bronce del gran pie, mientras reciben de los aspersores que rodean la escultura, el olor que se ha reproducido artificialmente para emular el de mis pies, olor a brisa fresca de la planicie.

lunes, 28 de junio de 2010

El hubiera es tiempo pendejo.

Si el Chicharito hubiera jugado de titular la primera ronda…

Si Javier Aguirre hubiera tenido cuatro años…

Si los federativos hubieran puesto en primer lugar lo deportivo antes de hacer sanwich…

Si el Guille no fuera argentino…

Si nos hubiera tocada Korea…

Si el árbitro no se hubiera equivocado…

Si Osorio no se hubiera equivocado…

Si Guardado hubiera jugado como sabe jugar…

Si la afición hubiera confiado…

Si Cuauhtémoc hubiera jugado…

Si Jonathan Dos Santos hubiera ido al mundial…

Si el Bofo jugara como Pelé…

Si se hubiera quedado Hugo…

Si le hiciéramos caso a Lavolpe…



En fin queridos y escasos lectores, estoy seguro que podrán, sin problemas, continuar esta lista que se antoja interminable. Estoy recordando ahora aquello que escribí cuando la selección sub-17 perdió en penales contra Korea hace algunos meses. Diría Paez: “Es solo un cuestión de actitud”. No podría estar más de acuerdo con él. ¿Cómo explicarnos que un jugador campeón de la liga alemana de un pase para gol a su contrario? Ciertamente no es falta de habilidad o de técnica. Es sobre todo falta de cabeza. ¡Ah! ¡Pero que Javier Aguirre es un gran motivador! Me disculparán mis estimados compatriotas pero un señor que grita en los vestidores: “¡Vamos cabrones! ¡A ponerle güevos! ¿Querían quinto partido? Ahí está. ¡Es su momento!” no es un gran motivador es un buen porrista. Sí eso es ser un buen motivador nos daríamos la sorpresa de que el estadio Azteca lleno debería ser el técnico de la selección y así, muy probablemente llegaríamos igual, siempre al mismo cuarto partido y nos saldría mucho más barato.



Mientras veía ayer los graves errores que cometía la defensa del equipo nacional después del error arbitral me daba cuenta además que los jugadores no saben lo que es la concentración, porque nadie se los ha enseñado, esa sería por ejemplo, una tarea esencial de un gran motivador. Lo decía cuando escribí sobre los penales contra Korea, busquen un poco en el archivo de este blog y lo podrán encontrar, los jugadores mexicanos son débiles mentalmente hablando, perdón señores pero así es, basta con recordar algunos minutos del juego de ayer. ¿Se acuerdan hijos míos del ejemplo que ponía? Un actor que entra al escenario pensando que está concentrado y repitiéndose a sí mismo; “Estoy concentrado, estoy concentrado” dirá, cuando le toque dar réplica, su primera línea y se le saldrá: “Estoy concentrado”. Así los jugadores mexicanos salieron ayer a jugar. Javier Aguirre les dijo en el vestidor: “Concentrados cabrones”. Empezó el juego y en la cara de los defensas podías leer: “Estoy concentrado, muy concentrado” y mientras pensaban en lo concentrados que estaban le daban un pase para gol al delantero argentino. Es falso decir entonces que perdimos porque el equipo perdió la concentración, porque muy concentrado estaba en estar concentrado. Mucho trabajo falta, pero no solo en los futbolistas, en todos nosotros. Así como les pasó ayer a ellos nos pasa a nosotros todos los días. Mentalmente débiles gracias a la ignorancia, la falta de educación y cultura. Basta con darse una vuelta por la versión electrónica de los periódicos y leer los comentarios y opiniones que los “aficionados” “ezcriven”.

En fin, para cerrar quedará muy bien una cita a Jorge Ibargüengoitia:

“…Ahora bien, ¿cómo no va resultar triste una historia que después de empezar tan bien y de seguir regular, llega a “México independiente”, que es un estudio en el que hay frases como: “Se fortificaron en un lugar en que había de todo, menos agua.” “No tomó la precaución de apostar centinelas en la margen izquierda del río.” “Se quedó esperando al general M. que había prometido reforzarlo con cuatro mil de a caballo.” “Si tuviéramos parque…” “Se fue con el dinero que estaba destinado a comprar municiones…” “En vez de levantarse en armas, como estaba convenido, salió en viaje de estudio, rumbo a Alemania.” “Se dirigió a la Guarnición de la Plaza con objeto de pedirle al comandante protección de su vida, pero no pudo hallarlo…”

Pero no hay que desesperar. No todo es así. Después viene la fundación del PRI.”

INSTRUCCIONES PARA VIVIR EN MÉXICO.

Jorge Ibargüengoitia.

21-9-71

Fragmento del capítulo: LAS LECCIONES DE LA HISTORIA PATRIA, MONSIEUR RIPOIS Y LA MALINCHE.

miércoles, 14 de abril de 2010

De los nombres, las emociones y lo indescriptible... For you, again.

¿Qué será eso que tenemos nosotros con los nombres? Ésta incansable necesidad humana de ponerle nombre a todo lo que nos rodea. Necesidad necesaria y útil, sin duda, en muchos casos. Sobre todo cuando hablamos de lo tangible, de aquello que podemos ver. Se ponen de a peso los trancazos cuando buscamos, por alguna razón, ponerle nombre a lo que no podemos ver, a todo aquello que está ahí, en algún lugar, de alguna forma. A todo aquello que sentimos será siempre un problema ponerle nombre. Cuantas veces nos hemos visto, queridos y escasos leyentes en aquella situación en la que cantinfleamos durante horas tratando de explicar sensaciones inexplicables; Después de una pausa larga e incómoda creada por alguna fuerte declaración de nuestro interlocutor (a), tratando de evitar el bochorno, decimos: “Es que siento como que… es diferente… porque antes sentía que… no sé, como que sentía, pero se ha perdido como eso que… es como una sensación como de que, no sé, como vacío…” mejor ahí le paro porque si no se me duermen y no regresan. Si así…
Estoy recordando ahora una historia que servirá de ejemplo con el que podría aclararles el punto y de pasadita sirve que me lo aclaro yo también. Algunos años ha, que ocurrió esto que estoy empezando a contar. Al concluir mis exámenes de admisión a la carrera en el CUT, mi maestro y mi tata al mismo tiempo me recibió en su oficina para una entrevista de rigor como último paso para ser admitido. No recuerdo mucho de lo que hablamos ese día, pero lo importante y que es el meollo del asunto fue: “Los maestros se dieron cuenta de que tienes el pie plano” ¿Plano? ¡Planísimo!, dije para mis adentros, para mis afueras me limité a asentir con la cabeza. “La condición para aceptarte, es que hagas una cita en lo servicios médicos de la UNAM para que te revisen y eventualmente darle solución a tu problema” dijo el tata con esa gran voz de actor que lo caracteriza. Una o dos semanas después, llegado el día de la cita y mientras caminaba de insurgentes a los servicios médicos con el estadio olímpico a mi mano derecha, recordaba la primera vez que mi pie plano fue motivo de preocupación. Era yo muy pequeño cuando mi madre detectó en mi la terrible mal formación, habló por teléfono de inmediato con el doctor de la familia para una consulta telefónica de emergencia. Después de que mi madre le expusiera el asunto de su preocupación, el doctor preguntó: ¿Se cae mucho el shamaco, oye? No, respondió mi querida progenitora. Entonces no pasa nada, no te preocupes, hombre. Así, con este recuerdo, entré al consultorio donde me esperaba un doctor que recuerdo de pelo totalmente blanco, entrado en años. La cantidad de pies que habrá visto el señor, dije otra vez para mis adentros, mientras a mis afueras las manos me sudaban. Dígame cual es su problema, y yo, sin rodeos dije; tengo el pie plano, doctor, de inmediato frunció el ceño, unió sus blancas cejas y dijo; no me de su diagnóstico, eso lo hago yo. Sé que hay personas que se diagnostican tumores, como cuando estaba yo en la panza de mi madre, pero esa es otra historia, o soplos en el corazón, hasta cáncer. Podía entender la molestia del doctor, pero este caso, cómo se daría cuenta después, era demasiado obvio. Yo no tengo ningún problema, respondí, mis maestros me hicieron venir. Vamos a ver, dijo. Me pasó a otra sala, me hizo desnudar mis extremidades inferiores antes referidas y me pidió que me parara sobre un cristal que tenía debajo un espejo, después de caminar unos minutos. El doctor se cubría medio rostro debajo de la nariz en silencio. Yo parado sobre el cristal, silencio. Y así, en silencio, con una seña me hizo regresar a su consultorio donde lo esperé en silencio algunos minutos, entró, se sentó frente a mí, en silencio, Mi miró fijamente y me dijo: Tiene usted el pie más plano que he visto en mi vida, me sorprende que pueda usted caminar y además caminar así como camina usted. No supe si tomarlo como un cumplido. Para este momento se había percatado de la pendejada que había cometido al regañarme por mi diagnóstico porque comenzó a perder la compostura e hizo la pregunta que es el motivo por el cual les cuento toda esta historia: ¿Y no se cansa usted más que los demás? Sus canas y su experiencia se derrumbaron ante mis ojos y contesté con otra pregunta: ¿Y cómo voy a saber yo si me canso más que los demás? Siempre me canso como me canso yo, nunca me he cansado como alguien más. Dándose cuenta de su segunda idiotez, concluyó: Pues usted ya no tiene remedio, joven.


Y les contaba todo esto porque… ¡Ah, sí! Por las sensaciones indescriptibles. Así como para mi es imposible saber cómo se cansan otros, porque supongo que cada quién se cansa como se cansa y cada quién siente como siente, ponerle nombre a eso sería como decir que todos sentimos igual en determinado momento, la inminente necesidad humana de ponernos etiquetas y repartirnos en bolsitas de distintos colores a según el sabor, el tamaño o el color.
Pero finalmente, digo yo, por eso son sensaciones pues, ¿qué no? Porque se sienten pues, y tienen su forma de transmisión no verbal. Uno siente eso que siente cuando lo siente y así lo transmite sin necesidad de dar explicaciones. Uno siente lo que el otro siente cuando lo siente, es cuestión de estar atentos, perceptivos, de, como se diría en el argot nacional, estar flojito y cooperando. ¿Por qué atormentarnos con nombres, etiquetas y explicaciones? Dediquémonos mejor a sentir y a dejarnos sentir.
Dirá siempre más que mil palabras, una mirada indescriptiblemente juguetona.

Nota: Escuchan, del nuevo disco de Jamie Cullum, Persuit: “Im all over it”. Indescriptiblemente recomendable.

martes, 16 de marzo de 2010

Las cosas que uno deja de hacer. Parte II. Para ti.

Las cosas pasan por algo, pues sí. Principio básico de la física: A toda acción corresponde una reacción. Y aunque generalmente aplicamos: “Las cosas pasan por algo” cuando nos referimos a algo positivo que nos ocurre como consecuencia de alguna buena decisión que tomamos, podría aplicarse perfectamente en el sentido contrario. Solo que cuando las cosas malas pasan no hay tiempo para dichos ni frases. Habrá tiempo para lamentos, patadas y moquetes, pero no para las palabras de alivio, que rara vez cumplen su función más de dos o tres minutos. Ahí sí son las acciones, no las palabras. Pero quién soy yo mis queridos lectores para venir a escribir, después de tres meses de ausencia, de física, de reacciones, de cosas y moquetes. Pues soy, nada mas y nada menos que el autor de este blog que está en proceso de remodelación al igual que yo. Sí mis estimados leyentes, desde hace unos días traigo un letrero en mi frente de franjas negras y amarillas que dice: “En remodelación, disculpe las molestias que esto le ocasiona”. Y aunque no tengo porque andar por la vida disculpándome, lo agrego como mera cortesía. Hace unos días un amigo mío me decía de la manera más simple cómo es eso de las remodelaciones emocionales: A ese polvito que dejas ahí sin limpiar encima de la tele porque te trae recuerdos hay que darle un trapazo, así, tajante y sin rodeos. Aunque no deja de sonar frío y despiadado, yo no podría haberlo resumido mejor. Así que fui a la comer, tenía que ser, y compre un buen trapo, de esos gruesos y absorbentes y comencé la tarea que mi querido carnal me había encomendado. Ahí estaba yo, mojando el trapo y dándole a todo lo que me encontraba, el problema es que una vez que das las primeras pasadas pasa lo inevitable, hay que regresar a la toma del agua mojarlo de nuevo y exprimirlo con fuerza para que vuelva absorber. Y ahí queridos leyentes, acabo de descubrir esa palabra y me gusto, está el meollo del asunto que inevitablemente me recuerda aquella frase que dijera el maestro Pedrito Infante en una de sus grandes películas, que si mal no recuerdo era: A toda máquina, “…el corazón es como una esponja, basta con que lo aplastes pa que se salga lo que tiene dentro” ¿Ya van agarrándome la onda? En algún momento la esponja tendrá que volver absorber. ¡Ah! Pero la esponja ya no es la misma… nooo. No podría serlo. Pero cuanto artículo de limpieza para describir sin describir lo que uno quiere describir sin describir.



Algo iba yo a decir de la música. ¡Ah, sí! Habrán notado, si no es la primera vez que pasan por aquí, que no está ya la antigua música que solía estar, en parte por el trapazo, en parte porque queriendo agregar la nueva canción que en este momento deberían estar escuchando, algo le moví al reproductor que se negó a tocar más. Por eso es que con este nuevo post hay también un nuevo reproductor. Me empeñé en que sonara Expiration Date para que leyeran lo que ahora les escribo.


Son pasadas las dos de la mañana y siento que no he dicho ni la mitad de tantas cosas que tengo tantas ganas de gritar y supongo que es mejor así. Seguiré, por lo pronto, gritándome a mí, jugaré a sorprenderme riendo solo, a oler de mis manos la sigilosa mirada, a esperar sin esperar, a dejarme fluir sin esperar, a temer con libertad.


Me abrazo ahora a los recuerdos de las últimas horas para romper los silencios que solo en sueños puedo romper.

sábado, 9 de enero de 2010

Las cosas que uno deja de hacer. Parte I

¿Qué decían ustedes muchachos y chamaconas? Ora sí ya se le olvidó o de plano nos abandono sin decir adiós. Siento decepcionar a la competencia bloguera, que cada vez es mayor. Aquí estoy de regreso, más bien nunca me fui, andaba... como decirles... verás.... mmm... pos andaba entretenido con un montón de asuntos que ahora que vuelo a treinta y siete mil pies por encima del estado de Sonora, tendría que catalogar como muy suaves. La ultima vez que escribí, si mal no recuerdo fue también desde Hermosillo, si recuerdo mal, ya me daré cuenta y para ese momento ya no querré regresar a este texto para corregir. Así me gusta a mí pues, espontáneo, ¡jodidooou! Total que aquella vez festejaba mi cumpleaños número 26, a que festejos aquellos tan bonitos, ¿no, tu? Ando muy norteño hoy, disculparan ustedes escasos lectores fuera de la desértica tierra sonorense. Durante aquellos días de festejos, encuentros y des encuentros mis pensamientos se fueron sumergiendo o sambullendo pa seguir en tono sonorense, en una no tan profunda pero clara reflexión: “Las cosas que uno deja de hacer”, ¡surra mayate, jodioou! Esa no se la esperaban mas de madre, ¿no? Y que buen tema hoy que llevamos cinco días del iniciado, esperado y mentado 2010, año en el que festejamos, según nuestro gobierno y políticos que lo acompañan el centenario de la revolución y el bicentenario de la independencia. Pero que considerados, que buenas gentes, ¡que bárbaro! Darnos a festejar el bicentenario pa tapar un montón de hoyos de la carretera esa que se han encargado de llenar de baches a la que le llaman país. Hagan de cuenta que voy en un carro ahorita arriba de ella por las sacudidas tan requete bruscas que pega el pajarraco este. Resulta siempre inevitable soltar un codazo así como no queriendo la cosa a los jodidos esos sin vergüenzas, mano largas.... ya pues, ya.

(Aprendí hacer paella en este viajecito, por cierto.)

Decía yo: “Las cosas que uno deja de hacer”. Cuando lean esa frase agreguen una musiquita al final, un típico: ¡chan, chan, chan, chaaan...! Lo peor del caso es que uno no se da cuenta, pues. De pronto nos podemos encontrar pensando en lo felices que somos por hacer lo que hacemos, y por haber logrado lo que hemos logrado y cuando te detienes un momento a reflexionar serenamente te das cuenta que son más aquellas que no has siquiera empezado, es más, pa´ acabar pronto, que ni te has preocupado por empezar. En ese momento retumbó en mí un grande y sonoro: “¡A la beeeiiisss el payasooooon! “ “ Hoy puede ser un buen día...”, diría Serrat, pero no olvidemos que en la misma canción decía: “... y mañana también”. Y así, si te la llevas de mañana en mañana, ay te vas sumando meses, años, lustros... ¡cállate la boca! Así que tomé mi día para empezar, algún día fue del pasado mes de noviembre. Empezar ¿con que? ¿en qué? ¿pa qué, tu? Se preguntarán ustedes nuevamente, ijuelachingada como me gusta adivinarles el pensamiento, ¿no? Si le he de atinar yo crello, una que otra vez, ¿no?. Empecé ir al gimnasio, diario, nada de que dos veces a la semana, un día si otro no. No, diario voy. Pues si pues, es lo que les quiero decir, yo que me dedico a lo que me dedico que la mayoría de ustedes ya sabe, pos está cabrón descuidar lo que pa uno es la única herramienta de trabajo, única, inigualable e insustituible. Y hay ta uno, metiéndole cheve, carne asada, frijoles meneados, cheve, tortías, cheve, y vayan ustedes a saber cuanta cosa más. Y por si todavía no agarraban la onda, porque ya ven que luego nunca falta un atarantado, pos estoy hablando de la habitación del alma, de estas piernitas y esta panza que hay van poniéndose cada vez mas en su lugar, del cuerpo, pues. Del millo, no vayan a creer quel de nadie más, ¿no? Así que una vez iniciado en el gym, y ocupadas mis tardes en tareas de acodicionameinto físico, ocupare las mañanas para el acondicionamiento mental, dije yo. Y así me metí a estudiar inglés a las ocho de la mañana, igual, diario, nada de que nomas los sábados o con maestro a domicilio, no. Diario a las ocho de la mañana.


Esas dos cosas hice nomas. Y es a partir de esas dos cosas que una serie de eventos afortunados se suceden, eventos que relataré en la segunda parte de esto que les escribo. ¿Por qué creían que esta era la parte uno? Por lo menos aviso, no como los jolibudences esos que te dejan... te dejan... pos así como te dejan cuando ponen las letritas esas al final de la película... Continuará.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Las fotos de mi celular...

Retumba en mi cabeza la voz de mi tío: ¡¿Pa que toman fotos con esa chingadera?! ¡Esas fotos nunca las vez uno, pues! Aquí están, pa que vean que si se ven, si es que las quieren ver. Se darán cuenta por supuesto que no me tomé la molestia de seleccionar absolutamente nada, así como están en mi teléfono, así las pasé. Alto valor artístico el de estas fotos, de veras que no me medí. ¡Ja! Mira con cuidado, en una de esas y estás por ahí.


La música de Jorge Drexler, que anda sonando mucho ultimamente en mis audífonos.

martes, 10 de noviembre de 2009

¿Por qué fallamos los penales?

Una de las razones por las que pasé en Hermosillo las ultimas dos semanas de octubre fue la graduación de mi hermana menor, ahora conocida en la familia como la arquitecta, porque de los Galindo y los Martins creo que es la única, y si no la única, sin duda la que más éxito tendrá. ¿Qué porqué me atrevo a semejante afirmación? Pos yo no sé de arquitectura pero se que mi hermana es terca, terca, terca. No hay mejor fórmula para el éxito. Así que felicidades a mi hermanita la arquitecta que concluye un ciclo de vida. ¡Ah! ¡La frase de la conclusión de ciclo! Hijos míos, lectores míos, no puedo dejar de mencionar la emotiva ceremonia de entrega de papeles a la generación de nuevos arquitectos que esperemos no se dediquen a diseñar puentes inútiles como el que cruza por encima del “Rodriguez” a la altura del flash o baños públicos gigantes como el que se acaba de terminar frente a la Casa de la Cultura. Mientras veía a toda aquella juventud en su respectiva toga y birrete, me recordaba a mi mismo en la preparatoria vestido de la misma forma y con quince kilos más, no hubo orador en ninguna de las tres ceremonias, la misa, la entrega de papeles y la fiesta, que no mencionara cuando menos en una ocasión la famosa frase: “Hoy concluye un ciclo”. Mi hermana la Fer y yo contamos en total siete menciones de la famosa frase que no pueden olvidar incluirla cuando les toque hablar en una boda, quinceañera, graduación, y por que no, hasta en un funeral, más que obvio es que se ha dado la conclusión de un ciclo.

Me perdonarán amables lectores, pero he iniciado este relato por el final, así que seguiré así, de atrás para adelante. El mismo día, antes de la entrega de papeles, ocurrió la misa en la catedral, empiezo a sentir que estoy escribiendo una nota para Sociales en el imparcial, Ja! Misa a la que desgraciadamente no tuve la oportunidad de asistir a las criminales ocho de la mañana. A esas horas el señor viene apenas regresando de las europas cansado después de un largo día en aquel viejo continente, ocupadísimo como está ahora en el caso Saramago. Una hora después estábamos desayunando en familia incluyendo al jotito del gachupín, mi cuñado y mi hermana, la señora Hernandez. Y ahí, mientras vertía salsa sobre un homelet del tamaño de un burro percheron veía en la pantalla del lugar el juego de la selección Sub 17 en el mundial juvenil y a este momento es al que se debe el título de esta ya larga publicación. No haré un resumen del partido pues pasaría de sociales a la columna deportiva, pero es imposible no hablar de los famosos penales. De entrada les digo que he resuelto el misterio, por fin tengo la respuesta a la pregunta de los sesenta y cuatro mil. Ahí les va: Al momento que concluyen los tiempos extras después del empate a uno, los seleccionados de ambos equipos se reunen con sus respectivos entrenadores y definen a los tiradores. Luego caminan al centro de la cancha como lo marca el reglamento y desde ahí inicia la tragedia. Mientras los coreanos caminan fríos, concentrados y calculadores, nuestros queridos seleccionados caminan al centro de la cancha levantando la mirada al cielo, repasando las oraciones que sus abuelos les enseñaron cuando niños, pidiéndole a Dios no fallar, pidiéndole que les conceda la gracia de anotar. Y así, el portero mexicano se coloca bajo los tres palos levantando las palmas al cielo mientras el coreano mira fijamente la portería y calcula la intensidad del viento, la humedad, el peso del balón, la temperatura y vayan ustedes a saber que otro calculo físico matemático. Anota y después de un breve y austero festejo el portero coreano se coloca bajo los tres palos, mientras el tirador mexicano camina hacia el manchón de penal, abrazado de la pelota mirando al cielo y el gesto que me revela en un instante toda esta reflexión y la respuesta a la pregunta del título, un cariñoso y sentido beso a la pelota antes de colocarla en posición. Lo que pasó después, lo sabemos todos, el portero coreano, gracias a sus cálculos físico-matemáticos repeló la pelota lejos de la red. De una vez les digo que esto no se trata de una crítica de fe, de creencias, no falta nunca un panista que me acuse de hereje y me vaya a querer quitar la nacionalidad mexicana como a Saramago la portuguesa, ¡no! Es simplemente una cuestión de concentración, no puede uno estar pensando en Dios o en su tío o en su hermana la arquitecta mientras tiene por delante la no tan complicada tarea de anotar un penal. Y eso no pasa solo con los futbolistas en este país, pasa hasta en las mejores familias, por ejemplo el congreso de la unión, esos hombres que día con día trabajan por el bien de la nación. Su error está en concentrarse en sus carteras mientras votan los aumentos al IVA. Pa que nos vamos tan lejos, en los actores que cuando les dicen que se concentren, minutos antes de entrar a escena piensan: “Estoy concentrado, estoy concentrado” y al pie, entran a la escena y en lugar de soltar su primera línea: “Buenos días”, dicen muy concentradamente: “Estoy concentrado”.


Ya está muy largo esto, les dejo que se vayan a facebookear, aunque ya se me pasó contarles de mi cumpleaños y del increíble concierto de CafeTacuba, para el que mi hermana me regalo pase VIP con motivo de mi cumpleaños. Haber si en el siguiente post me ánimo a contarles algo de eso, no prometo nada. Lo que me queda claro después de aquel concierto es que CafeTacuba es por mucho y por muy lejos el mejor grupo de música mexicana de los últimos tiempos.

miércoles, 28 de octubre de 2009

De cumpleaños, cocinas y televisión...

¡Chale! ¡Qué mala copa! No puedo evitar, cada vez que llegó acá, al Clown para llevar, a postear algo nuevo, leer el post anterior. Malacopié durísimo la vez pasada, pero hoy ando de mejores ánimos. Me encuentro nada más y nada menos, hijos míos, que en la casa de sus abuelos, éste agradable y apacible jardincito repleto de cactáceas que mi madre se ha ocupado de criar y donde mi padre, su abuelo, se pasa los días enteros armando historias, seguro ya vieron o leyeron alguna. Había olvidado lo hermosas que pueden ser las noches de Octubre aquí, imagínenme en shorts y una playera sin mangas sentado a la mesa del jardín mientras los pocos pelos que me quedan y las canas que ya me empiezan a visitar se mueven suavemente al ritmo de los frescos vientecillos del desierto. ¡Aguuuusto! Diría su tía, la Mafer. Y aquí estoy en las vísperas de mi cumpleaños número veiniseis. La última vez que festejé acá fue mi cumpleaños número diez y ocho. Y esta vez, me he propuesto festejar como nunca lo había hecho, en grande, con música, barril, tacos y toda la cocha. Otra vez: ¡Aguuuusto!







Se habrán dado cuenta de que me deje llevar por la desidia algunos días y ya me había tardado en venir a escribirles, pero como alguna vez les dije, no los olvido nomas me entretengo con otros asuntos. Como por ejemplo el arte culinario. Es impresionante la cantidad de programas de cocina que hay hoy en la televisión y nunca me habían atrapado hasta hace unas semanas cuando descubrí la BBC Enterteiment. Tómala, europeos tenían que ser, ingleses pa acabarla. Y verán que me topé con un Shef que así que tu digas: ¡que bien está de sus facultades mentales! pos no. Ah pero que bueno pa cocinar y que bueno pa entretener y que bueno pa dejarte la espina de ir al mercado y regresar corriendo a la cocina a preparar alguna receta realizada por él. Y mientras lo veía, a perdón, Gordon Ramsay es el nombre de este singular personaje, y mientras lo veía recordé que en algún cumpleaños anterior mi madre me había regalado un libro de cocina italiana, así que me senté a revisarlo y en dos horas ya estaba yo camino al super con una listón. Me he pasado ya algunas semanas cocinando a la italiana y aprendiendo a la inglesa. He tomado fotografías de cada platillo pensando en ustedes mis queridos lectores, pero por cuestiones técnicas y al verme lejos de mi oscura cueva en el Distrito Federal me es imposible compartírselas, pero si les da curiosidad, con gusto las publicaré próximamente. Haber que encuentro por ahí para ilustrar esta columna, ya ven que mi amá no perdona.



Y así pues, entre pastas, salsas de tomate, aceite de oliva y pimientos morrones nuestro país es como una olla de lento cocimiento con unos frijoles ya muy viejitos a punto de atole y con una tapa que no aguanta ni el dos por ciento más de vapor amenazando con reventar de un momento a otro.

domingo, 4 de octubre de 2009

Si tomas, no postées.

Soy un mal amigo, lo sé. Es por eso que no tengo tantos. Tres o cuatro que son los que me aguantan. Y a esos, que sé que me aguantan, muy a pesar suyo, los quiero tal y como si fueran mis hermanos. Y a los hermanos se les cuida, se les quiere y así, como a mis hermanas, los cuido y los quiero, sería incapaz de hacer cualquier cosa, por mínima que fuera, que los lastimara en cualquier sentido. Pero soy un mal amigo. La única virtud de la que puedo presumir como amigo es de la lealtad, jamás podría quebrarla, no sé, me viene solita sin siquiera pensar en ella. Pero en lo que concierne a tantas otras partes que la amistad conlleva, soy malísimo, por eso me considero a mi mismo como un mal amigo. Muchos argumentos tengo para comprobar mi teoría, por ejemplo, he terminado lejos, muy lejos de aquellos a los que sentí y siento mis hermanos. Están allá, en Sonora y no he estado para ellos en momentos cruciales. Acá estoy, haciéndole a la vida el actor, ja! Buscando escapar y escapar y escapar. Ya se abran dando cuenta de que no es un buen día, no es un buen día para empezar como Serrat diría.
¿Y a que viene todo esto? Pues no sé. Pensaba que he dedicado muchas líneas a ciertas personas y esas ciertas personas nunca se han molestado en pasar por aquí. Ta bien, ¿Pa qué? Digo yo. Aunque sería lindo que un día pasaran y se encontraran en alguna frase, alguna palabra. El que les dedique mis palabras no quiere decir que lo haga por ellos, lo hago por mí. Egoísta, otra de mis virtudes como mal amigo. ¿Cuándo te das cuenta de que no sirves para eso de la amistad o las relaciones humanas? Pos cuando es viernes por la tarde y tienes ganas de tomar una cerveza por ahí y revisas los contactos en tu celular y te das cuenta de que no tienes a nadie a quien llamar. ¡Ah que soledad esta que te da de cachetadas cuando menos lo piensas! Y es inevitable que venga a mi memoria aquella tarde en la que pasé horas abrazado a los brazos de mi padre llorando inconsolable mientras me lamentaba por no tener amigos. Si me hubiera fijado bien desde entonces sabría que aquel episodio era una especie de premonición, lo que el destino o mi personalidad me iba cocinando para días futuros. Hoy no me suelto a llorar, hasta cierto punto encuentro placentera la soledad, pero los fines de semana siente uno el hueco. ¿Será que hablo de los amigos? ¿Hablo de mí? ¿Hablo de ella? ¿Hablo de los dos?
Aquello del efecto retardado es común en mí. Me enterré un filoso cuchillo hace algunos meses y apenas antier empezó a doler y a sangrar la herida. Yo que pensaba que ya la había librado, que estaba tranquilo, que lo peor había pasado. Ahora resulta que lo peor apenas empieza. Sí, así soy de lento. ¡Ah pero algunas buenas decisiones tomé antes de que la herida comenzara a doler! Tracé una línea que no quiero cruzar de regreso. Aquellos círculos que no cerré a su debido tiempo los cierro ahora y de golpe, no tengo que retroceder, los cierro desde acá. Ahora solo queda no esperar. Exacto, no esperar. No quiero esperar absolutamente nada. No quiero ni buscar.
Y ella, los amigos, ellos, ellas, aquellos, seguirán sin pasar por aquí y seguirán sin darse cuenta de lo importante que son en mis días, en mis noches, sobre todo en mis noches de sueños que son mis realidades matutinas.
No creo que sea una buena idea escribir acá después de haber bebido unas cuantas copas. Así que hay va un consejo: Si tomas, no postées.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

A mi escuela, Centro Universitario de Teatro (CUT), UNAM:


Diría tajante, en su clase de las ocho de la mañana, en medio de compases y notas musicales, nuestro querido y estimado Maestro Rorro: "No es justo, pero es real". Sigue reverberando en mi aquella frase que nos hizo enfadar y reír al mismo tiempo. Hoy hago mías sus palabras y con el dolor de mi corazón se las repito, haciendo referencia a la terrible situación que vive nuestra escuela: "No es justo, pero es real" Y ahí está, como un espectador más, nuestro también muy querido Maestro Retes, justo al centro del conflicto viendo como la escuela que tanto amó y en la que dejó los últimos años de su vida se convierte en una pequeñísima escena de lo que es hoy nuestro país.

No sé, la verdad, mucho de sindicatos, pero algo me enseñó el CUT de teatro. Pasé los cuatro años de mi carrera siempre al lado de Francisco Álvarez, Pancho, pa los cuates. Aprendí en la práctica con él, una de las bases más importantes del teatro; el trabajo en equipo donde todos hacen todo, igual terminas bañado en pintura negra pintando el foro que cargando reflectores o con un dedo negro por aprender a usar el martillo. Sí, la formación de los actores también es esa, Pancho dijo en la primera clase: He visto tantas actrices haciendo una escena en la que les toca barrer y no saben como agarrar la escoba. No sé de sindicatos, pero sé lo que es la pasión por el teatro, sé que Pancho vive con ella como nosotros los ex-alumnos, alumnos y maestros. Esa pasión que compartimos y nos une, nos separa de ellos.


¿En qué momento se volvieron la base de nuestras pláticas en las reuniones? ¿Cuántas historias sabemos? ¿Cuando llegamos al punto de escoger un teatro basándonos en su planta técnica? ¿Cuántas veces han puesto en riesgo la vida de otros colegas, actores? Muchas anécdotas van y vienen en su cabeza, estoy seguro. ¿Y por qué hemos permitido que nuestros teatros sean secuestrados, como está ahora nuestra escuela? Tenemos que darnos cuenta que los sindicalisados en nuestros teatros, no son un problema menor. Ningún secreto es, que ellos se llevan un gran porcentaje del presupuesto asignado al teatro mexicano, que muchos no están capacitados para realizar sus labores, porque sus estructuras sindicales les permiten moverse de un puesto a otro fácilmente, hacen de sus lugares de trabajo sus salas de televisión o muy comúnmente dormitorios. No se puede decir que son todos, pero sí desgraciadamente la mayoría. Habría que enseñarles tantas cosas, tendrían que pasar también por una formación especializada. Son ellos, para decirlo en términos futbolísticos, el jugador número doce y se parecen más al portero del arco rival.

Y así está nuestro país, repleto de políticos mediocres que no se cansan de mentir y de robar. De promulgar leyes para su beneficio y el de sus compadres, que no ven los problemas reales porque se ocupan de acumular fortunas y poder. Y camina, sí, pero con su respectivo "lubricante". ¿Para qué decir?, ¿para que armar borlote?, el "lubricante" lo soluciona todo. Y continúan con el saqueo sin vergüenza, constantes recortes a los presupuestos de cultura porque no es prioridad. - ¿Le cortamos el presupuesto a la UNAM?, ¡Pero cómo no, señor diputado, mientras menos sepan, mejor! - ¿Le cortamos el presupuesto a la cultura?, ¡Pero claro, señor presidente! Pues sí ¿no?, ¿cómo pa que sirve eso o qué? - Y así se la campechanean, ¡agusto! a costa de los que les seguimos pagando con nuestros impuestos sus indispensables comodidades.

Y aquí estamos ahora los cuteros, agregándonos a la lista de mexicanos víctimas de años y años de ignorancia, estupidez, ambición y mediocridad.

Que nos sirva esto para despertar, para refrendar la esencia de nuestra profesión, para gritar desde los escenarios, desde las plazas o las banquetas. ¡Éso es lo que hemos escogido hacer, es lo que sabemos hacer mejor!

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Monosapiens

No acostumbro postear cosas que no son mías, pero creo que de ahora en adelante lo haré de vez en cuando. En afán de contribuir al enriquecimiento humorístico de este clownparallevar, les comparto: "El PAN es cultura" por Helguera y Hernández, dos reconocidos moneros de México. Visiten su sitio, escalofriantemente divertido. De veras que ya no sabe uno si reír o llorar.




Clown para llevar Radio