jueves, 19 de noviembre de 2009

Las fotos de mi celular...

Retumba en mi cabeza la voz de mi tío: ¡¿Pa que toman fotos con esa chingadera?! ¡Esas fotos nunca las vez uno, pues! Aquí están, pa que vean que si se ven, si es que las quieren ver. Se darán cuenta por supuesto que no me tomé la molestia de seleccionar absolutamente nada, así como están en mi teléfono, así las pasé. Alto valor artístico el de estas fotos, de veras que no me medí. ¡Ja! Mira con cuidado, en una de esas y estás por ahí.


La música de Jorge Drexler, que anda sonando mucho ultimamente en mis audífonos.

martes, 10 de noviembre de 2009

¿Por qué fallamos los penales?

Una de las razones por las que pasé en Hermosillo las ultimas dos semanas de octubre fue la graduación de mi hermana menor, ahora conocida en la familia como la arquitecta, porque de los Galindo y los Martins creo que es la única, y si no la única, sin duda la que más éxito tendrá. ¿Qué porqué me atrevo a semejante afirmación? Pos yo no sé de arquitectura pero se que mi hermana es terca, terca, terca. No hay mejor fórmula para el éxito. Así que felicidades a mi hermanita la arquitecta que concluye un ciclo de vida. ¡Ah! ¡La frase de la conclusión de ciclo! Hijos míos, lectores míos, no puedo dejar de mencionar la emotiva ceremonia de entrega de papeles a la generación de nuevos arquitectos que esperemos no se dediquen a diseñar puentes inútiles como el que cruza por encima del “Rodriguez” a la altura del flash o baños públicos gigantes como el que se acaba de terminar frente a la Casa de la Cultura. Mientras veía a toda aquella juventud en su respectiva toga y birrete, me recordaba a mi mismo en la preparatoria vestido de la misma forma y con quince kilos más, no hubo orador en ninguna de las tres ceremonias, la misa, la entrega de papeles y la fiesta, que no mencionara cuando menos en una ocasión la famosa frase: “Hoy concluye un ciclo”. Mi hermana la Fer y yo contamos en total siete menciones de la famosa frase que no pueden olvidar incluirla cuando les toque hablar en una boda, quinceañera, graduación, y por que no, hasta en un funeral, más que obvio es que se ha dado la conclusión de un ciclo.

Me perdonarán amables lectores, pero he iniciado este relato por el final, así que seguiré así, de atrás para adelante. El mismo día, antes de la entrega de papeles, ocurrió la misa en la catedral, empiezo a sentir que estoy escribiendo una nota para Sociales en el imparcial, Ja! Misa a la que desgraciadamente no tuve la oportunidad de asistir a las criminales ocho de la mañana. A esas horas el señor viene apenas regresando de las europas cansado después de un largo día en aquel viejo continente, ocupadísimo como está ahora en el caso Saramago. Una hora después estábamos desayunando en familia incluyendo al jotito del gachupín, mi cuñado y mi hermana, la señora Hernandez. Y ahí, mientras vertía salsa sobre un homelet del tamaño de un burro percheron veía en la pantalla del lugar el juego de la selección Sub 17 en el mundial juvenil y a este momento es al que se debe el título de esta ya larga publicación. No haré un resumen del partido pues pasaría de sociales a la columna deportiva, pero es imposible no hablar de los famosos penales. De entrada les digo que he resuelto el misterio, por fin tengo la respuesta a la pregunta de los sesenta y cuatro mil. Ahí les va: Al momento que concluyen los tiempos extras después del empate a uno, los seleccionados de ambos equipos se reunen con sus respectivos entrenadores y definen a los tiradores. Luego caminan al centro de la cancha como lo marca el reglamento y desde ahí inicia la tragedia. Mientras los coreanos caminan fríos, concentrados y calculadores, nuestros queridos seleccionados caminan al centro de la cancha levantando la mirada al cielo, repasando las oraciones que sus abuelos les enseñaron cuando niños, pidiéndole a Dios no fallar, pidiéndole que les conceda la gracia de anotar. Y así, el portero mexicano se coloca bajo los tres palos levantando las palmas al cielo mientras el coreano mira fijamente la portería y calcula la intensidad del viento, la humedad, el peso del balón, la temperatura y vayan ustedes a saber que otro calculo físico matemático. Anota y después de un breve y austero festejo el portero coreano se coloca bajo los tres palos, mientras el tirador mexicano camina hacia el manchón de penal, abrazado de la pelota mirando al cielo y el gesto que me revela en un instante toda esta reflexión y la respuesta a la pregunta del título, un cariñoso y sentido beso a la pelota antes de colocarla en posición. Lo que pasó después, lo sabemos todos, el portero coreano, gracias a sus cálculos físico-matemáticos repeló la pelota lejos de la red. De una vez les digo que esto no se trata de una crítica de fe, de creencias, no falta nunca un panista que me acuse de hereje y me vaya a querer quitar la nacionalidad mexicana como a Saramago la portuguesa, ¡no! Es simplemente una cuestión de concentración, no puede uno estar pensando en Dios o en su tío o en su hermana la arquitecta mientras tiene por delante la no tan complicada tarea de anotar un penal. Y eso no pasa solo con los futbolistas en este país, pasa hasta en las mejores familias, por ejemplo el congreso de la unión, esos hombres que día con día trabajan por el bien de la nación. Su error está en concentrarse en sus carteras mientras votan los aumentos al IVA. Pa que nos vamos tan lejos, en los actores que cuando les dicen que se concentren, minutos antes de entrar a escena piensan: “Estoy concentrado, estoy concentrado” y al pie, entran a la escena y en lugar de soltar su primera línea: “Buenos días”, dicen muy concentradamente: “Estoy concentrado”.


Ya está muy largo esto, les dejo que se vayan a facebookear, aunque ya se me pasó contarles de mi cumpleaños y del increíble concierto de CafeTacuba, para el que mi hermana me regalo pase VIP con motivo de mi cumpleaños. Haber si en el siguiente post me ánimo a contarles algo de eso, no prometo nada. Lo que me queda claro después de aquel concierto es que CafeTacuba es por mucho y por muy lejos el mejor grupo de música mexicana de los últimos tiempos.

miércoles, 28 de octubre de 2009

De cumpleaños, cocinas y televisión...

¡Chale! ¡Qué mala copa! No puedo evitar, cada vez que llegó acá, al Clown para llevar, a postear algo nuevo, leer el post anterior. Malacopié durísimo la vez pasada, pero hoy ando de mejores ánimos. Me encuentro nada más y nada menos, hijos míos, que en la casa de sus abuelos, éste agradable y apacible jardincito repleto de cactáceas que mi madre se ha ocupado de criar y donde mi padre, su abuelo, se pasa los días enteros armando historias, seguro ya vieron o leyeron alguna. Había olvidado lo hermosas que pueden ser las noches de Octubre aquí, imagínenme en shorts y una playera sin mangas sentado a la mesa del jardín mientras los pocos pelos que me quedan y las canas que ya me empiezan a visitar se mueven suavemente al ritmo de los frescos vientecillos del desierto. ¡Aguuuusto! Diría su tía, la Mafer. Y aquí estoy en las vísperas de mi cumpleaños número veiniseis. La última vez que festejé acá fue mi cumpleaños número diez y ocho. Y esta vez, me he propuesto festejar como nunca lo había hecho, en grande, con música, barril, tacos y toda la cocha. Otra vez: ¡Aguuuusto!







Se habrán dado cuenta de que me deje llevar por la desidia algunos días y ya me había tardado en venir a escribirles, pero como alguna vez les dije, no los olvido nomas me entretengo con otros asuntos. Como por ejemplo el arte culinario. Es impresionante la cantidad de programas de cocina que hay hoy en la televisión y nunca me habían atrapado hasta hace unas semanas cuando descubrí la BBC Enterteiment. Tómala, europeos tenían que ser, ingleses pa acabarla. Y verán que me topé con un Shef que así que tu digas: ¡que bien está de sus facultades mentales! pos no. Ah pero que bueno pa cocinar y que bueno pa entretener y que bueno pa dejarte la espina de ir al mercado y regresar corriendo a la cocina a preparar alguna receta realizada por él. Y mientras lo veía, a perdón, Gordon Ramsay es el nombre de este singular personaje, y mientras lo veía recordé que en algún cumpleaños anterior mi madre me había regalado un libro de cocina italiana, así que me senté a revisarlo y en dos horas ya estaba yo camino al super con una listón. Me he pasado ya algunas semanas cocinando a la italiana y aprendiendo a la inglesa. He tomado fotografías de cada platillo pensando en ustedes mis queridos lectores, pero por cuestiones técnicas y al verme lejos de mi oscura cueva en el Distrito Federal me es imposible compartírselas, pero si les da curiosidad, con gusto las publicaré próximamente. Haber que encuentro por ahí para ilustrar esta columna, ya ven que mi amá no perdona.



Y así pues, entre pastas, salsas de tomate, aceite de oliva y pimientos morrones nuestro país es como una olla de lento cocimiento con unos frijoles ya muy viejitos a punto de atole y con una tapa que no aguanta ni el dos por ciento más de vapor amenazando con reventar de un momento a otro.

domingo, 4 de octubre de 2009

Si tomas, no postées.

Soy un mal amigo, lo sé. Es por eso que no tengo tantos. Tres o cuatro que son los que me aguantan. Y a esos, que sé que me aguantan, muy a pesar suyo, los quiero tal y como si fueran mis hermanos. Y a los hermanos se les cuida, se les quiere y así, como a mis hermanas, los cuido y los quiero, sería incapaz de hacer cualquier cosa, por mínima que fuera, que los lastimara en cualquier sentido. Pero soy un mal amigo. La única virtud de la que puedo presumir como amigo es de la lealtad, jamás podría quebrarla, no sé, me viene solita sin siquiera pensar en ella. Pero en lo que concierne a tantas otras partes que la amistad conlleva, soy malísimo, por eso me considero a mi mismo como un mal amigo. Muchos argumentos tengo para comprobar mi teoría, por ejemplo, he terminado lejos, muy lejos de aquellos a los que sentí y siento mis hermanos. Están allá, en Sonora y no he estado para ellos en momentos cruciales. Acá estoy, haciéndole a la vida el actor, ja! Buscando escapar y escapar y escapar. Ya se abran dando cuenta de que no es un buen día, no es un buen día para empezar como Serrat diría.
¿Y a que viene todo esto? Pues no sé. Pensaba que he dedicado muchas líneas a ciertas personas y esas ciertas personas nunca se han molestado en pasar por aquí. Ta bien, ¿Pa qué? Digo yo. Aunque sería lindo que un día pasaran y se encontraran en alguna frase, alguna palabra. El que les dedique mis palabras no quiere decir que lo haga por ellos, lo hago por mí. Egoísta, otra de mis virtudes como mal amigo. ¿Cuándo te das cuenta de que no sirves para eso de la amistad o las relaciones humanas? Pos cuando es viernes por la tarde y tienes ganas de tomar una cerveza por ahí y revisas los contactos en tu celular y te das cuenta de que no tienes a nadie a quien llamar. ¡Ah que soledad esta que te da de cachetadas cuando menos lo piensas! Y es inevitable que venga a mi memoria aquella tarde en la que pasé horas abrazado a los brazos de mi padre llorando inconsolable mientras me lamentaba por no tener amigos. Si me hubiera fijado bien desde entonces sabría que aquel episodio era una especie de premonición, lo que el destino o mi personalidad me iba cocinando para días futuros. Hoy no me suelto a llorar, hasta cierto punto encuentro placentera la soledad, pero los fines de semana siente uno el hueco. ¿Será que hablo de los amigos? ¿Hablo de mí? ¿Hablo de ella? ¿Hablo de los dos?
Aquello del efecto retardado es común en mí. Me enterré un filoso cuchillo hace algunos meses y apenas antier empezó a doler y a sangrar la herida. Yo que pensaba que ya la había librado, que estaba tranquilo, que lo peor había pasado. Ahora resulta que lo peor apenas empieza. Sí, así soy de lento. ¡Ah pero algunas buenas decisiones tomé antes de que la herida comenzara a doler! Tracé una línea que no quiero cruzar de regreso. Aquellos círculos que no cerré a su debido tiempo los cierro ahora y de golpe, no tengo que retroceder, los cierro desde acá. Ahora solo queda no esperar. Exacto, no esperar. No quiero esperar absolutamente nada. No quiero ni buscar.
Y ella, los amigos, ellos, ellas, aquellos, seguirán sin pasar por aquí y seguirán sin darse cuenta de lo importante que son en mis días, en mis noches, sobre todo en mis noches de sueños que son mis realidades matutinas.
No creo que sea una buena idea escribir acá después de haber bebido unas cuantas copas. Así que hay va un consejo: Si tomas, no postées.

Clown para llevar Radio