jueves, 3 de septiembre de 2009

¿Facebook o no Facebook?

Sorprendido estoy ahora con la enorme, enorme cantidad de comments que suceden estas publicaciones, claro está que con “enorme cantidad” quiero decir: dos comments. Y además de sorprendido me embarga un sentimiento de frustración, pues no sé como contestar, así que empiezo hoy agradeciendo los comments con los que han perdido, en su mayoría, treinta segundos de su valioso tiempo para aportar algo a este espacio. La frustración me embarga también porque estos, los comments, dicen cualquier cosa menos la duda que lancé en el post pasado, ¿se acuerdan?: ¿Facebook o no Facebook?
Terminaba la publicación pasada precisamente planteando ésta cuestión, había descubierto una forma de que las publicaciones aquí publicadas, valga la expresión, se publiquen simultáneamente en Facebook. Hasta antes de empezar esto que ahora escribo no estaba seguro de querer hacerlo, pero creo que me arriesgaré un poco y probaré suerte, así que ahora tu, sí tu, que lees esto desde Facebook porque me tienes agregado a tus amigos y no tenías nada que hacer o estás en la oficina y no quieres tener nada que hacer, deberías saber que escribo desde hace algún tiempo en un blog llamado pretenciosamente www.clownparallevar.blogspot.com, ahí puedes revisar todo lo que hay en el archivo y escuchar algo de lo que para mí es buena música. Ahora, si tu eres de los que está leyendo esto desde clownparallevar, porque en tu oficina está bloqueado el facebook o simplemente porque ya eres un lector asiduo de este blog, cosa que dudo mucho, no debes preocuparte, las publicaciones seguirán apareciendo aquí y simultáneamente en facebook. ¿Facebook o no Facebook? Pos sí Facebook desde hoy, ni modo, en estos tiempos tiene uno que evolucionar con lo que va llegando porque si no se pone medio difícil. Ora resulta que esta red social es como el acta de nacimiento, o la tienes o no existes, así que después de tanto resistirme aquí estoy, vamos a ver que pasa, confieso que podría auto eliminarme a la primer desilusión, estoy todavía en una cuerda muy flojita, delgadita o como diría mi hermana y ahora la güera… cheeequeeta la cuerdita…
Y dirán ustedes después de leer esto; que a toda madre, este cabrón escribió hace dos semanas y ahora no suelta chisme, puro facebook y nada de chuqui. Aunque dudo que alguna vez haya chuqui puedo reconocer que chisme sí, de vez en cuando. Viajé hace dos jueves a mi querido estado de Sonora a dar una función de la patria, cada vez mas torcida. Pobre de mí, después de Mazatlán y Veracruz ora me tocó sufrir en San Carlos, Nuevo Guaymas. Imaginarán ustedes que fue espantoso estar un fin de semana en la playa con un calorón, unas cheves y la güera. Y luego dije, pos ya estoy aquí, pos ni modo, me voy a tener que quedar toda la semana ¿y que creen? Pos me quedé, una semanita de 48°C, bien bonitos. Y como era lógico, llegando, llegando al de efe, tómala, infección en la garganta, pero de las buenas, de inyección y toda la cosa. Pos sí, con la lluviecita y el friíto acá, nimoo que no. Ya fui al doctor amá.
No puedo negar que todos estos días que me mantuve alejado del clownparallevar pensé siempre en ustedes, mis tres lectores asiduos. Hasta hice mis notas de lo que quería escribir, pero creo que esas notas se quedaron en el short con el que me metí al mar, ya se imaginarán que por más que quiera, no consigo descifrarlas. Me acuerdo que algo les iba a contar de un capitán que durante mi vuelo a Sonora me dejó tomarme unas fotos en la cabina, ¡en su asiento! Misma fotografía que no puedo publicar y no crean que exagero, fue publicada por ahí y trajo algunas consecuencias, así de buena estaba la foto. Algo decían mis notas del chamaco éste de catorce años que mato a golpes a un niño de cuatro por burlase de él. Y yo digo, un país de maestros reprobados, que arregla las cosas a balazos, ¿debería sorprenderse?

martes, 18 de agosto de 2009

¿Bueeeno?

¿Y que hace uno cuando quiere hablar con alguien? Pos muy fácil, cojes el móvil, como diría mi cuñado el gachupín, buscas el nombre o apodo, según como guarde sus contactos cada quién y le aplastas el botoncito verde de “llamar”… tuuu… tuuu… ¿bueno?, ó ¿si?, u ¿hola?, depende de cómo conteste cada quién, escucharas del otro lado una voz masculina o femenina, depende de a quién hayas llamado y posteriormente uno que ha marcado dispuesto a gastarse su saldo iniciará la llamada con el protocolo obligatorio del ¿cómo estás?, ¿interrumpo?, ¡que bueno que te encuentro!, en fin, todo ese protocolo que la verdad a mi me da una güeva terrible pero que la mayoría de las veces estoy obligado a seguir. Todo esto sucede cuando decides hablar con alguien, claro, cuando te contesta.

La era de los teléfonos celulares ha traído con todos sus beneficios una serie de angustias terribles para nosotros los que tenemos corazón de pollo. Recuerdo aquellos días, de los que me tocaron pocos, cuando uno marcaba el teléfono y si no te contestaban era simple y sencillamente porque no había nadie en casa o porque quién estaba no había alcanzado a escuchar el ¡ring!, eran pocos aquellos que decidían no contestar ante la incertidumbre que provocaba desconocer quién era aquella persona que llamaba. Pero hoy esa incertidumbre no existe más. Hoy sabemos, en el noventa por ciento de los casos quién es aquella persona que llama, en algunos casos hasta verás la fotografía de aquel que ha decidido gastarse su saldo para tratar contigo algún asunto o no tratar ninguno y llamar simplemente porque esta en la fila del casting o las tortillas y no encuentra nada mejor que hacer, aunque hace mucho tiempo que yo no recibo ninguna llamada de esa clase. Todo eso es, para aquel que recibe el ¡ring! ó ¡Yo soy tu bomi mamá! ó cualquiera que sea el tono de tu celular, una ventaja. En cuestión de segundos millones de pensamientos se agolpan en la mente; ¿Qué querrá? ¿Por qué me habla a esta hora? ¡Agüevo, chamba! ¡uta que güeva! ¿y eso que me habla? ¡Que bien!, etc. Y después la pregunta obligada: ¿le contesto? Ésta libertad de decisión que da el identificador de llamadas me provoca conflicto a la hora de marcar y sobre todo cuando la decisión del otro es no contestar. Lo peor es que esto provoca otra cadena de pensamientos y conflictos abrumadores: No quiso contestar porque vió mi nombre en el identificador o: no me tiene registrado y no le contesta a desconocidos, no escuchó el: ¡yo soy tu bomi mama¡, está en una reunión, está dormido, está en Rusia y no quiere gastar saldo, no tiene ganas de hablar, esta sentado en el escusado y siente que el olor se transmite también (con la tecnología de hoy no se sabe ya), y como si esto fuera poco las grabaciones de la amble señorita, la secretaria de todos, son ambiguas: “el número telcel, movistar, iusacell, etc. que usted marco se encuentra apagado o fuera del área de servicio” ó “el número celular que usted marco no existe o está ocupado” o “su llamada será desviada al buzón de voz” Así pues, ya no sabes si marcar otra vez, esperar a que el otro te llame, dejar mensaje, tirar el teléfono a la basura e ir a su casa o mandarle un mail.
¡Carajo! Tanto pedo por una llamada que era solo para decir hola.

Ahora, tenemos también en nuestros días la opción práctica y barata de enviar un mensaje de texto, pero aplican exactamente los mismos conflictos abrumadores, agregando el de: ¿tendrá saldo pa contestar? Odio por eso los mensajes que llegan a mi buzón dando por hecho que tengo saldo para contestar. Por eso cuando mando un mensaje lo hago sin esperar respuesta, si llega bien si no, doy por sentado que no tiene saldo.

Pero me puse solito una trampa, la pregunta inicial no se refería al método práctico que emplea uno cuando quiere hablar con alguien, por lo que me doy cuenta ahora que está mal formulada la pregunta, por eso mi cuñado, el jotito gachupín hubiera dando tan lógica respuesta. Me refería más bien al qué hacer cuando siente uno la necesidad de decirle a alguien alguna cosa sin esperar nada a cambio, solo por la necesidad de hacérselo saber. Me pregunto si es ese un acto egoísta, si el decir que no esperas nada a cambio es una protección para evitar salir lastimado por alguna reacción de indiferencia o malestar. Pero como le doy vueltas al asunto ¿no? Pos sí, porque aunque no me lea nadie, puede que solo mis hijos, no puedo andar revelando aquí intimidades tan íntimas. Se supone que es este mi lugar de desahogo pero no puedo dejar pasar que es un desahogo público y a veces se me olvida. ¿Qué hacer? No lo sé, dejaremos que algo pase, poniendo mucha fe en que algo tendrá que pasar.

Hago ya para terminar esto que se ha extendido demasiado, un paréntesis a modo de consulta. Saben los que me conocen que odio las redes sociales, pero he descubierto que hay forma de conectar este blog a una página de facebook para ver si así consigo que alguien lea lo que escribo. Odio la invasión de privacidad que el facebook implica pero estoy considerando la posibilidad. Ustedes que me leen, aunque sean tres, ¿que opinan?

lunes, 10 de agosto de 2009

Los sueños, sueños son.

¿Porqué soñamos lo que soñamos cuando lo soñamos? No tengo la menor idea, ni una pista. Lo que si sé es lo que provocan en mi los sueños que sueño cuando sueño. A diferencia de algunos que hablan de sus sueños como algo abstracto que no ven nítidamente yo si los veo ¡clarito, clarito! Y dirán ustedes, amaneció soñador el muchacho, pos sí, amanecí soñador desde hace algunas semanas, supongo que se ha debido al cambio que se ha dado en mi vida, regresar al estado de soledad natural con el que venimos los seres humanos al mundo después de algunos años resulta que despeja la mente, libera la mirada, el pensamiento y en mi caso, libera los sueños. Y que manera de despertar sintiendo que te han dado de cachetadas toda la noche después de sueños tan claritos y perturbadores. Algo tenía que decir de los sueños después de estos que he tenido. Si pensaban ustedes que se los iba a contar se han equivocado rotundamente, podré contar intimidades en este blog, pero ciertas intimidades, no queremos convertir este espacio en un tv notas de un no famoso, no imagino cosa más aburrida.

Ahora romperé el romanticismo soñador, como se me rompió a mi después de soñar tan lindo con una persona que conozco hace muchos años, desperté con una sonrisa en la cara, descansando y tranquilo, fui a la cocina, me preparé el obligado cafecito, me senté a la computadora a mi lectura acostumbrada de los periódicos electrónicos y lo primero que se posa ante mis ojos son dos pickup´s que colisionaron, uno de ellos quedó llantas pa arriba, en las calles Nayarit y Reyes, en Hermosillo. Sí, así se rompió aquella mañana que había empezado tan bien y así se rompe también esto sobre los sueños, que no empieza tan bien, de entrada con el fusil del clásico español. Aquella fotografía se quedó dando vueltas en mi cabeza y produjo que soñara despierto esto que les comparto:

Instrucciones para volcar un pickup en la ciudad. Lo primero que necesitamos es un pickup, después una ciudad y por último, lo más importante, un idiota. Atención aunque es lo más común, no necesariamente el idiota es aquel que conduce el pickup, podría ser también aquel peatón, distraído e idiota que cruza la calle sin fijarse o aquel otro conductor idiota de aquel otro pickup idiota que se pasa un semáforo en rojo o aquella muchacha nalgona e idiota que va por la banqueta mostrando sus atributos. Todas son opciones viables de idiotez aunque yo me quedo con el idiota del conductor del pickup idiota volcado en una calle pequeña e idiota. Y ahora súbitamente se aclaró mi mente después de la volcadura y pienso ahora que es muy probable que mis sueños sean idiotas, resultados de dormidas idiotas, de una cama idiota, de una almohada idiota y de este idiota que solo piensa y escribe, sorprendentemente, cosas idiotas. No leas más, podrías terminar como un servidor, idiota.

viernes, 31 de julio de 2009

De pregos, mezcales, excusados e hijos.


Me encontraba yo a las carreras, no es posible estar de otra forma en esta ciudad, haciendo pregos pa los invitados que llegaron a este mi pequeño departamento que se ha convertido en hotel durante estas vacaciones de verano, tíos, tías, primas, primos, novios, amigos, en fin, de todo un poco. Decía que preparaba yo específicamente unos "pregos", sí, me ofendí cuando mi prima les dijo tortas, ¡Pregos! repliqué con la ceja derecha ligeramente levantada, ¡es portugués! Y los pregos vienen al caso porque mientras tenía una mano en el pan y la otra en el bistek mi celular sonó, justo así como la música que escuchas en este momento. Me apresuré a contestar y resultó ser una morra que conocí en Agua Dulce, una oaxaqueña que disque quiere llevar la obra a su estado -taría bueno- le dije, -por fin conocer Oaxaca-. Y así nos vimos pa tomar un café que después se convirtió en cerveza y después en mezcal y después en una fiestecita en casa de unos amigos de ella. Lector querido, querida lectora, te preguntarás porqué cuento ésta historia un tanto aburrida y sin chiste, ¡ah! porque el chiste viene ahora, aunque no es precisamente un chiste, es más bien el "meo yo" del asunto. Después de algunos mezcales y dos o tres indios, como es natural, pedí licencia al arrendatario del departamento para que me permitiera hacer uso de su servicio sanitario. Dos cosas curiosas había en este baño: un espejito justo arriba del deposito colocado de tal forma que se puede uno verse el pitirrín de frente mientras orina, nunca lo había visto desde ese ángulo, y la otra curiosidad que es realmente lo que motiva lo que hoy escribo y por lo que les cuento toda esta historia, es un pequeño cuaderno, colocado justo al lado del espejito, con un título que me sacudió los mezcales: "Notas para tus hijos". Osea que aquellos inquilinos a la hora de sentarse a defecar abren su mente para pensar en aquellas cosas que quisieran decirle a sus hijos o aquellas cosas que quisieran que sus hijos supieran. Fue en ese momento, mientras vaciaba mi vejiga de mezcales y me veía el pilín de frente que me invadió una terrible sensación de irresponsabilidad. Pensaba que esto, el clown para llevar, se ha convertido en un diario público de mi vida, que muy probablemente mis hijos, dentro de algunos añitos, podrán leer todas estas cosas que su padre ha escrito sin pensar en ellos. Así que desde ahora tendré que cuidar más lo que escribo. Aunque en un segundo pensamiento, podría ser que ustedes, hijos míos, que ahora me leen muchos años después de publicada esta nota, tienen... ¿que será...? unos veinte años, mas o menos a esa edad podría interesarles leer esto que su viejo escribe. Pero imaginense, hijos, yo ahora tengo 25 años y tienen el chanse de platicar con su padre cuando tenía su edad, eso tiene que ser interesante. A mi me hubiera gustado conocer a mi padre de morro. Así de ahora en adelante pensaré que todo lo que escriba lo leerán ustedes, hijos míos, y platicaremos pues, como si las computadoras y este blog fuera nuestra máquina del tiempo.

Clown para llevar Radio